Compromiso por la Democracia


La visión de El Salvador 2024 se puede resumir en “ser un país de alto desarrollo humano” en 2024. Para ello será estratégica la definición de una AGENDA DE NACIÓN que tenga como objetivo alcanzar el desarrollo, mejorando cada uno de los componentes del Índice de Desarrollo Humano: educación, salud e ingreso por habitante.
Ello requiere distinguir entre los aspectos básicos y los aspectos estratégicos, concentrándose en una primera etapa en los primeros. ¿Por qué? Porque lo básico fundamenta la existencia y hace posible la vida en condiciones mínimas de dignidad. Es lo cotidiano y lo obvio. Sólo cuando esto hace falta se nota su ausencia. La sociedad que no resuelve adecuadamente los desafíos de lo básico, está condenada a enfrentar esa ausencia de manera recurrente en los momentos más inoportunos, convirtiéndose en una pesada carga que impedirá el desarrollo.
Pero lo básico no es suficiente. Lo estratégico es fundamental en el largo plazo. Son los ejes o pivotes entorno a los cuales se organiza todo el proceso de desarrollo, facilitando que adquiera valor y que se acumule riqueza.
Por ello se propone que la AGENDA considere como primera parte la focalización de los recursos financieros, técnicos y humanos con que cuenta el país para satisfacer las necesidades básicas de las familias más pobre y vulnerable, impulsando la cobertura universal de agua potable, electrificación, caminos rurales pavimentados y construir y operar eficientemente un sistema integral de desechos sólidos. El costo de esta primera parte de la AGENDA es alrededor de los US $ 600 millones, siendo posible ejecutarla en un quinquenio.
La segunda parte de la AGENDA deberá estar enfocada en impulsar una nueva estrategia de crecimiento económico alta y sostenida, que aumente la capacidad del país de generar riqueza, a través del impulso de determinadas actividades económicas con posibilidades reales de éxito. El sistema proveerá la infraestructura física y educación apropiada que demandarán estas actividades económicas.
Sin embargo, se reconoce que cualquier estrategia de crecimiento, para que sea sostenible, se debe basar en dos pilares sólidos: la estabilidad macroeconómica y la fortaleza institucional. Esta última está asentada sobre la institucionalidad democrática.
Por ello, y a pesar de las claras diferencias de agenda, enfoque y origen, más de un centenar de entidades de la sociedad civil, auto-denominados como ALIADOS POR LA DEMOCRACIA, han unido esfuerzos alrededor de la elaboración de propuesta para fortalecer la institucionalidad democrática salvadoreña.
¿Por qué es fundamental impulsar una reforma a la institucionalidad democrática?
En primer lugar, porque debemos cuidar y proteger el período más prolongado de democracia que ha experimentado El Salvador desde que es República independiente en 1841. De hecho, entre 1841 y 1981 el país tuvo un Presidente de la República cada 20 meses, un Golpe de Estado cada 10 años y una Constitución cada 13 años. Lo normal en este prolongado período de 140 años fue la inestabilidad, la incertidumbre y el cambio constante en las reglas del juego.
El actual período de democracia inició con las elecciones para Asamblea Constituyente en marzo de 1982 y se ha prolongado durante 30 años. En este tiempo hemos electo seis Presidentes de la República. Hasta marzo 2012 habremos elegido diez veces concejos municipales y diez veces diputados de la Asamblea Legislativa.
En segundo lugar, porque junto con la firma de los Acuerdos de Paz hace 20 años, el país realizó la reforma política más ambiciosa de la historia reciente, lo que permitió a los salvadoreños experimentar un valioso período de aprendizaje y ejercitarnos diariamente en lo que significa vivir en democracia. Esta reforma política requiere un nuevo impulso, un refrescamiento para que surja con mayor fuerza y vigor la práctica democrática, tanto de los partidos políticos, de las organizaciones ciudadanas como de los salvadoreños en general.
En tercer lugar, desde hace un tiempo se ha venido gestando un proceso de consenso entre las diferentes organizaciones ciudadana y la opinión pública tanto sobre la necesidad de reformar el sistema democrático como sobre cuáles son las reformas que requiere el sistema.
En ese sentido fue ilustrativo el trabajo de las comisiones y sub-comisiones conformadas para la elaboración del documento COMPROMISO POR LA DEMOCRACIA. Las discusiones, debates y divergencias que surgieron, siempre se orientaron sobre cuál era la mejor manera de profundizar y fortalecer la democracia, aspirando a más democracia, más libertad y más participación ciudadana, a mejores mecanismos para la transparencia y la rendición de cuentas. Nunca existió una sola duda sobre el camino por el cual se debe avanzar.
En cuarto lugar, existe claridad que convivir con un régimen democrático débil y frágil, sujeto en cualquier momento a transitar hacia regímenes autoritarios provoca graves pérdidas e importantes retrocesos en todas las áreas de la vida nacional, especialmente en lo económico, social, ambiental y político. Perder la democracia arrastrará al país por el camino de la pobreza y el deterioro social, donde prevalece la ley del más fuerte que nos conduciría a un estado fallido.
Finalmente, y por el contrario, contar con una democracia fuerte y sana, que se consolida cada día, que cuenta con sus frenos y contrapesos, genera confianza en el futuro y provoca certidumbre para que los ciudadanos le apuesten al país, provocándose el círculo virtuoso de inversión, empleos, crecimiento económico, disminución de la pobreza y desarrollo integral.
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